Cosas perdidas | Verloren dingen

Luuk Gruwez
Luuk Gruwez | Bélgica

13 x 20 cm, 152 pp., 2010
Edición bilingüe | neerlandés-español
isbn | 978-607-7735-19-9
Precio | 170.00 | US 14.10
Género | Poesía de autor
Colección | Azor
Coedición | Flemish Literature Fund
Traducción | Stefaan van den Bremt
Revisión y versión rítmica | Marco Antonio Campos
Prólogo | Carl de Strycker

Carl de Strycker lo dice en el prólogo: “Suavizar las cosas”, ésa parece ser la poética de Gruwez, autor de las pequeñas grandes cosas; sabedor de una paradoja existencial que ha encarnado en sí mismo, pero dejándola pasar serenamente por sus letras. En sus poemas hay lo que suponemos habita en toda poesía: belleza, ternura, sensualidad y amor; ruptura, quiebre, dolor, oscuridad y muerte, sólo que en sus palabras el poeta ha tocado tierra, ha cobrado cuerpo y ha aceptado ser hombre, mortal. Habla más que escribe. Y con este dolor a cuestas camina, sin embargo, a un tiempo liviano y terreno ofreciendo un recodo de reposo a sus lectores: “Se necesitan máquinas tiernísimas / para volar un día a ninguna parte.”
Esta preocupación por el hombre se transmite en su poesía como un respeto profundo por el otro (su humanidad, su corporalidad y su memoria), la otredad empero no se limita a un reconocimiento, sino que pasa a la encarnaciónmediante un préstamo tácito; allende la mirada que reconoce la presencia del otro, está la empatía de mostrar primero en sí mismo y luego en conjunto, cuán pequeños somos: “Debe haber un mundo de cosas perdidas […] Y fingir que se pueda olvidar todo, pese a que –perdido como todo ser humano– / uno está solo en el universo.”
**
Luuk Gruwez | Kortrijk, Bélgica, 1953 | Se dio a conocer en 1973 con el libro Poemas aspiradores, que contiene poemas sonoros, vitales, que llaman la atención por su carácter oral. El autor parece más cantante que artista. No huye de los grandes sentimientos. Su poesía es una defensa de la sensualidad, la excentricidad, la osadía emocional, el lirismo; la belleza es una compensación de lo que nos falta, un refugio de paz, de ternura y armonía. Junto con Miriam Van Hee y otros, fue considerado como uno de los representantes más prominentes del Nuevo Romanticismo, corriente literaria que dio nuevo impulso a la poesía flamenca a finales de los años setenta. Acerca de sus primeras obras, el autor nos dice: “Como poeta novel fui un dandy que escribía mucho sobre sí mismo. Tenía un ego narcisista, como el de todo poeta que se respeta a sí mismo. Gradualmente ese ego se ha convertido en un nosotros más universal.” A comienzos de los años noventa, Gruwez practicó más la prosa. Con Erick Verpale escribió el “diario siamés” A solas (1992). Su primer libro de prosa es el galardonado Baile del abuelo Bing, que reúne cuentos semiautobiográficos pletóricos de acontecimientos y personajes estrafalarios. En la prosa de Gruwez se hallan asimismo fragmentos de diario, cartas y crónicas. En los últimos años Gruwez fue invitado a festivales internacionales de poesía, como los de Medellín (Colombia), de Trois-Rivières (Quebec) y de Morelia (México).
Bibliografía selecta: El perdedor festivo (1985), Gente gorda (1990), Maneras sucias (1994), Poemas desenfrenados (1996), El país de las mejillas (1998), Ladrones y amadas (2000), Bufóndetodos (2004), Viniendo a menos (2008).
Traducciones al francés: Poèmes dissolus (Le Castor Astral, 2005).